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El Cardenal
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Carta a todos los niños de Madrid con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera

«Manos a la obra»

Mis queridos niños y niñas:

Hace pocos días, justo antes de la celebración del nacimiento de Jesús, nos reunimos, con motivo del Día de los sembradores de estrellas, en la catedral de Nuestra Señora de la Almudena para celebrar la Santa Misa y hacer el envío de todos vosotros a felicitar las Navidades a todas las personas que os ibais a encontrar por las calles, con el bonito gesto de ponerles una estrella en la solapa. Esta pequeña estrella significa la luz maravillosa que ha llegado a la tierra con la venida de Jesús. Ya no estamos en tinieblas, y con Jesús podemos vivir siempre con alegría y esperanza, sabiendo que todas las cosas, también las que nos hacen sufrir, si estamos unidos a Jesús, son para nuestro bien.

Seguro que al Niño Dios le alegró mucho veros a todos juntos, cantando, rezando y pidiéndole a nuestro Padre Dios por todos los niños del mundo. A mí también me dio mucha alegría participar con vosotros en ese bonito encuentro. ¡Casi dos mil niños en la catedral! Me hubiera gustado saludaros a todos, uno por uno, pero como éramos tantos sólo pude saludar a una pequeña representación. Pero Jesús sí que os saludó a cada uno, porque a cada uno de vosotros os conoce y os quiere. Os miraba con cariño y estuvo a vuestro lado todo el tiempo, más aún, dentro de vosotros, durante esa mañana fría, pero en la que vuestra alegría por darle a conocer llenó de calor el corazón de muchas otras personas, niños y mayores, que se encontraron con vosotros.

Hoy os escribo con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra el último domingo de este mes de enero, y es una forma de continuar la fiesta que comenzó el pasado 22 de diciembre, con la Misa que celebramos juntos. La Infancia Misionera nos recuerda algo muy importante: que los niños también sois misioneros y tenéis que llevar a Jesús a vuestros amigos y familiares, mostrándoles cuánto los quiere, porque muchos de ellos no le conocen, o no le aman como Él se merece y como todos necesitamos amarle para ser felices de verdad. De este modo, además, estamos viviendo maravillosamente lo que nos indica el lema de la Jornada de este año: “Manos a la obra”. Es como si se nos dijera: “¡A trabajar!”, pero no simplemente haciendo cosas, sino amando, y amando de verdad, ¡con obras!, ¡con las obras que nacen del amor grande que Jesús ha traído a la tierra, y que Él mismo nos lo enseñó así: “Amaos unos a otros como yo os he amado”! Si vivís con este amor, ya estáis siendo misioneros, que os habéis puesto de verdad “manos a la obra”, hagáis muchas cosas o pocas, estéis en casa o en países lejanos. Aunque hicierais muchas cosas, si no tenéis el amor de Jesús, no estaríais siendo misioneros, y no seríais felices. En cambio, unidos a Él, siendo verdaderos amigos suyos, la vida entera es distinta, y estaréis siempre “manos a la obra” porque amáis a todos y querréis hacerles felices, lo cual os hará más felices aún a vosotros mismos.

El Papa Benedicto XVI ha escrito una carta a los niños de Austria con motivo de esta Jornada, y les dice algo que también os dice a vosotros: “Quiero deciros que aprecio mucho vuestro compromiso en la Infancia Misionera. Veo que sois pequeños colaboradores en el servicio que el Papa presta a la Iglesia y al mundo; vosotros me sostenéis con vuestra oración y también con vuestro compromiso por difundir el Evangelio”. Es bonito, ¿verdad? El Papa sabe que vosotros, cuando rezáis, os acordáis de él y pedís por sus necesidades y, a la vez, sabe que cuenta con vosotros como verdaderos misioneros. ¡No le defraudéis! Y fijaos bien en lo que os sigue diciendo Benedicto XVI: “La amistad con Jesús es un don tan hermoso que no se puede tener sólo para uno mismo. Quien recibe este don siente la necesidad de transmitirlo a los demás”. ¿Verdad que sí? Yo sé que, a veces, puede ser costoso, que hay otros niños que no os comprenden, o que se ríen cuando les decís que vais a Misa o que rezáis. Eso no tiene que importaros. Más aún, es una buena ocasión para que recéis por ellos, y para sentiros más unidos con Jesús. Esos mismos niños que hoy no os entienden, algún día os agradecerán lo que rezáis y hacéis por ellos. Porque Jesús los quiere mucho a ellos también y no dejará de ayudarlos si vosotros se lo pedís.

En la catedral cantamos todos juntos el himno de Nuestra Señora de la Almudena, nuestra Patrona, y me gustó mucho comprobar que os lo sabéis casi todos. A la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra, también le gusta que lo cantemos y recemos. ¡No dejéis de hacerlo! Todos los días hemos de dedicarle a Ella alguna oración, y también, aunque sea bajito, alguna canción bonita. Y en este Día de la Infancia Misionera os pido que acudáis a la Virgen, de modo especial, para rezar por los misioneros y misioneras que hay por todo el mundo. Muchos niños de todos los continentes han conocido a Jesús gracias a ellos, y eso nos llena de alegría, y de agradecimiento. Rezad, pues, a María por ellos, y también por mí y por toda la gran familia de la Iglesia en Madrid, para que todos sepamos ser verdaderos misioneros, muy unidos a Jesús y con el corazón abierto de par en par a todos los niños del mundo. Yo también rezo por vosotros a la Virgen de la Almudena, y le pido que cuide, como la Madre más maravillosa que es, de cada uno de vosotros y de vuestras familias.

Con un beso para todos, recibid mi bendición,