¡EL SEÑOR HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!: Una nueva hora de esperanza para la Iglesia y para el mundo

Mis queridos hermanos y amigos:

Un nuevo Domingo de Resurrección alegra la mañana con la noticia de que Jesús, el Maestro, el Ungido por el Espíritu Santo, el nuevo y misterioso profeta de Nazareth -de todos estos modos y de otros se le conocía por sus contemporáneos- ha resucitado. El sepulcro, en el que lo había colocado José de Arimatea, está vacío. Sigue leyendo

Subir con el Señor a Jerusalén en el año 2011, para acercarnos a la hora de una nueva conversión del Mundo

Mis queridos hermanos y amigos:

Hoy, la Iglesia invita a todos sus hijos e hijas a acompañar un año más a Jesús, su Señor y Salvador, en su subida a Jerusalén para celebrar lo que va a ser, fue y será siempre −¡para toda la eternidad!− la nueva Pascua: la del paso definitivo de la muerte a la vida. Sigue leyendo

Camino de la Pascua 2011. Entre la tribulación y la esperanza

Mis queridos hermanos y amigos:

La vida del hombre en su discurrir por el mundo podía ser calificada en cualquier época de la historia como un camino entre la tribulación y la esperanza. Los acontecimientos de estas últimas semanas lo confirman una vez más. La catástrofe sufrida por nuestros hermanos del Japón  −espantoso terremoto, seguido del devastador maremoto (“tsunami”) y el accidente de una central atómica−,  la situación de conmoción social y política que se extiende por los países del Norte de África y del próximo Oriente, e incluso, la guerra abierta en uno de ellos −Libia−, que se suma al largo y crudelísimo conflicto bélico de Afganistán  −por citar los más actuales y llamativos−, nos suman en la inquietud y en la incertidumbre ante el futuro. Sí ¡nos atribulan y entristecen! Para cualquiera que posea un mínimum de sensibilidad cristiana ante el dolor trágico de tantos hermanos, la reacción no puede ser otra que la de la compasión en el sentido más originario del término, es decir, el de padecer y de condolerse con ellos, ofreciéndoles toda nuestra ayuda espiritual y material. Son horas de tribulación que se añaden a las que sufrimos también en nuestras vidas privadas, en nuestras familias y en nuestra propia sociedad. El flagelo del paro alcanza cada vez con mayor gravedad cuantitativa y cualitativa a muchos de nuestros conciudadanos. Golpea con especial dureza a no pocos padres y madres de familia con menores, enfermos o ancianos a su cargo y a los jóvenes que buscan su primer trabajo. Sigue leyendo