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El Cardenal
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¡Feliz Navidad!

En la encrucijada del 2009

Mis queridos hermanos y amigos:

La Navidad se acerca de nuevo. Nuestras vidas no pueden quedar al margen de lo que va a ocurrir en la Liturgia de la Iglesia en la noche del 24 al 25 de Diciembre próximo, ¡Noche Santa! ¡Noche Buena! Con estas expresiones la honda sabiduría del pueblo cristiano supo captar desde tiempo inmemorial el verdadero y trascendental significado que tuvo y tiene para el hombre de todos los tiempos el Nacimiento del Niño Jesús en Belén de Judá. Allí a donde habían acudido sus padres, la Virgen María y José, su castísimo esposo, de la Casa de David, para empadronarse según la orden del Emperador César Augusto, le había llegado a la madre la hora del parto. Al no encontrar lugar en ninguna posada, dio a luz al Niño en un establo y lo acostó en un pesebre. El eco del nacimiento llegó enseguida a unos pastores que no lejos de la ciudad de David pasaban la noche al aire libre, velando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les presentó y la gloria de Dios les envolvió con su claridad, para anunciarles que les había nacido “un Salvador: el Mesías, el Señor”. En torno al Ángel apareció “una legión del ejercito celestial” que cantaba Gloria a Dios en el cielo y Paz en la tierra a los hombres que Dios ama. ¿La noche del Nacimiento del Salvador como no iba a ser considerada y vivida por los creyentes de todos los tiempos como una noche santa? ¿Cómo no va a ser “la Noche Buena” por excelencia para todo hombre que viene a este mundo? ¿Cómo no lo va a ser de nuevo para los cristianos de cualquier rincón del planeta en este año 2009? ¿cómo no lo va a ser para nosotros los cristianos y todos los hombres de buena voluntad de este Madrid cada vez más abierto a ciudadanos venidos de los cinco Continentes?

Nace el Salvador. Nace el Hijo de Dios, hecho hombre en las entrañas de María, la Doncella Purísima de Nazareth, y nace de su carne. Dios se da al hombre de un modo absolutamente inefable, sobrepasando toda posible imaginación y expectativa humana. Dios se da al hombre hasta asumir toda su humanidad y su destino, excepto en una cosa: en el pecado. Y Dios es el dador de todo bien. Es la verdad, la bondad, la belleza, la vida infinitas: ¡Dios es la felicidad y la gloria del hombre! Fuera de Dios o contra Dios sólo se encuentra pecado en el alma, corazones destruidos, muerte física y espiritual ¡desdicha! No es extraño pues constatar una y otra vez lo que Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Copatrona de Europa, la excelente experta contemporánea de la Mística carmelitana de la cruz, enseña en una de sus conmovedoras meditaciones: “Ante el Niño del portal los espíritus se dividen. Él es el Rey de Reyes, el Señor de la vida y de la muerte. Él dice: Sígueme, y el que no está con él, está contra él. También nos lo dice a nosotros, y nos pone en el trance de elegir entre la luz y las tinieblas”. ¿Y qué elegimos nosotros los cristianos practicantes o los no practicantes, o los que han abandonado toda fe en Dios, en esta nueva Navidad de 2009?: ¿la luz?… ¿las tinieblas? Llegar a gustar de la felicidad, que tanto y con tanta expresividad nos deseamos en las fiestas navideñas, está en nuestras manos: en la forma de postrarnos ante el Niños de Belén. Si le adoramos como los pastores, los reyes humildes, los débiles inocentes, los sencillos de corazón, entraremos en el camino de la verdadera e imperecedera felicidad; de lo contrario, se endurecerá y empobrecerá nuestro interior, haremos morir en el alma la gracia del amor que nos viene del Dueño de la vida: ¡habremos elegido la infelicidad! Si de verdad deseamos la felicidad a nuestros prójimos −a los familiares, amigos y cercanos, a los que pasan a nuestro lado en las encrucijadas de la vida… ¡a todos!− , no podremos por menos que ayudarles a encontrar de nuevo al Niño Jesús que nace en Belén, al Emmanuel, “el Dios con nosotros”. Ayudarles con nuestra oración, con nuestro ejemplo, con nuestra cercanía en todas sus situaciones de necesidad corporal y espiritual. Mostrarles “la bondad” de Jesucristo, nuestro Salvador: ¡eh ahí el reto de la Navidad para nosotros los cristianos! La infelicidad que asola a tantos de nuestros contemporáneos, jóvenes y mayores, en las más variadas formas de desolación moral y espiritual, de disgustos y dramas familiares, de rupturas e infidelidades matrimoniales, de pérdidas del puesto de trabajo, de fracasos profesionales, de orfandad y dolor…, sólo se combate eficazmente con la conversión al Dios que ha salido a nuestro encuentro, ya en Belén cuando nace en la humildad de nuestra carne y en la sencilla pobreza del lugar y del pesebre. Es más, con la búsqueda del “tu” a “tu” con Él en el Sacramento de la Penitencia la infelicidad soterrada o abierta se torna en felicidad honda e imperecedera.

Encontrar esa vía de la conversión y de la penitencia iniciada y prefigurada por los profetas, practicada celosamente por Juan el Bautista y todo aquellos humildes del Pueblo de Israel que esperaban con sencillo corazón al Mesías, y abierta a todos en Belén de Judá la noche del Nacimiento de Jesús, el Emmanuel, es lo que os deseamos de corazón a todos los madrileños en esta inminente Navidad del año 2009.

Contando con la cercanía y el apoyo maternal de la María, la Virgen de La Almudena, podemos y queremos deciros con todo el afecto y el gozo que nos viene de Jesús, el Niño de Belén, a vosotros y a vuestras familias, ¡a todo Madrid!:

¡Santa y Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad!

Con todo afecto y mi bendición,