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El Cardenal
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Pregón del Domund 2002

Jesucristo nos llama al relevo misionero

17 de Octubre de 2002

Como fue en el principio de las horas y los días,
Y el soplo creador llenó la historia de salvación,
Como fue cuando el Verbo hecho carne habitó entre nosotros,
y la mirada de Dios se posó sobre la mirada humana,
Cuando el dador de todo don quiso recibir del hombre una respuesta,
Cuando el corazón de Dios se hizo mendigo del corazón de los hombres,
Cuando miró a los ojos a Pedro, a Juan, a Santiago y a Andrés,
Y los llamó a la Misión con mayúsculas, así (….)

Jesucristo nos llama al relevo misionero.

Como en el principio de la hermosa aventura de la evangelización,
Como llamó un día por su nombre a cada uno de los apóstoles,
Como desde entonces ha ido llamando a cada uno de sus sucesores,
Como ha llamado a sus santos maestros y profetas, sacerdotes y mártires,
Como ha llamado a tantos religiosos y religiosas, varones y mujeres,
A los jóvenes y niños, a los hombres de todo tiempo y lugar, de toda raza y lengua.
Así hoy te llama, me llama, y nos llama(…)

Es Jesucristo, El Alfa y la Omega de la historia, el Salvador del mundo,
El Hijo único de Dios, Señor de la vida y de la muerte,
Es Él, quien ha dado la vida por cada hombre,
Quien nos llama en esta hora(…)

Jesucristo nos llama al relevo misionero.

A ti, a mí, a todos y a cada uno,
Jesucristo nos llama con urgencia y con ardor,
Nos llama si escuchamos la recóndita voz de la conciencia,
Nos llama en el misterio insondable de su gracia,
En el silencio amoroso de la oración que abre el alma al soplo del Espíritu,
Nos llama en el don infinito de los signos sacramentales de su amor y su misericordia,
Y nos llama con su Palabra: nítida, verdadera, penetrante e interpelante,
Espada afilada que rasga y corta, para mostrar la verdad,
y que une y cura, reconcilia y salva,
que hiere y sana con la luz del único sol que no se oculta.

Jesucristo nos llama al relevo misionero.

Nos llama con el clamor de los niños, hombres y mujeres de este mundo,
Nos llama con sus vidas que ansían y mendigan felicidad,
Y que buscan respuestas verdaderas,
Nos llama cada vez que abrimos los ojos a la realidad que nos rodea,
Nos llama a través de los acontecimientos del presente,
con sus ecos, sus noticias, y sus voces, transmitidos por doquier,
y también con el olvido interesado de tantas historias silenciadas.
Nos llama a través de la memoria de la historia, de sus luces y sombras,
Nos llama a través de sueños y empeños de un futuro más humano,
Nos llama en la mirada de muchos hombres y mujeres, que también hoy, como siempre,
“están como ovejas sin pastor”, envueltos en las redes de la ignorancia y la carencia,
de la soledad y el olvido, del cansancio de luchar y de vivir por alguien o por algo,
o del dejarse llevar por el sinsentido de la evasión, del pecado y de la muerte.

Jesucristo nos llama al relevo misionero.

Como llamó un día a Francisco Javier, quien hace ya cuatrocientos cincuenta años,
Se dejó conquistar por la sonrisa de un Cristo esculpido en madera,
en un castillo levantado para defenderlo de enemigos e infieles,
que abandonó, junto a títulos, posesiones y poderes de este mundo,
para recorrer el mundo entero con las solas armas de la cruz y la Palabra,
con la compañía en la distancia de una comunión sin fisuras con la Iglesia,
con el consuelo del evangelio, la confesión de la fe, y el agua del bautismo.
Como llamó tras él a una interminable secuela de misioneros y misioneras,
que iluminados por su ejemplo, protegidos por su intercesión, y movidos por su ardor,
llevaron, en siglos de expansión y de encuentro entre civilizaciones y culturas,
El anuncio del amor de Dios a los cinco continentes, a todos los pueblos del planeta.

Jesucristo nos llama al relevo misionero.

Jesucristo nos llama, me llama, te llama,
A tomar el relevo de la misión que no descansa, y que no quiere parar jamás
de recorrer el entero mundo desde donde sale el sol hasta donde se oculta,
que no se rinde ante nada y ante nadie, que no conoce muros ni fronteras,
que quiere llegar allí, allí donde sólo tu y yo podemos llevarle, al corazón del hombre,
de cada hombre, y sobre todo del más necesitado de paz, de dignidad, de amor, y de fe.
Te pasa el testigo que me dan y que yo doy a otro, y que tu me entregas, y que todos, absolutamente todos, en la comunión de la Iglesia siempre misionera,
nos damos y llevamos, para hacerlo llegar hasta el último rincón del mundo,
hasta el último rincón de cada corazón que suplica y mendiga el tesoro de la fe,
el secreto de la esperanza, el Amor verdadero, el don sin igual del Señor Resucitado.

Jesucristo nos llama al relevo misionero.

Pero, ¿Quién oye esta llamada de luz y de verdad?
¿Quién se levanta, quien da un paso, quien se alza en medio de tanta conformidad? ¿Quién se atreve a mirar a los ojos del Buen Pastor y se deja mirar por su llamada?
¿Quién quiere construir la civilización del amor, con la única justicia y verdad que libera y pacifica?
¿Quién esta dispuesto a salir de su tierra, quién se atreve a sembrar sin esperar la cosecha, quien tomará el relevo de la misión que Cristo nos entrega?
El tiempo corre veloz, la carrera de la vida se acerca cada vez más a su final,
Y a nosotros, deambulantes tantas veces sin saber a donde ir, se nos señala el Camino,
y se nos entrega un testigo lleno de luz y de vida,
con el que llevar a tantos hermanos nuestros a la única meta verdadera.
Por eso, en esta hora vespertina, como pregón que anuncia el Domingo Mundial de la Misiones, en el año 2002 de la Salvación, decimos y reconocemos, porque escuchamos y acogemos,
que Jesucristo nos llama, hoy como ayer, hoy como mañana, al Relevo misionero,
al anuncio de la Buena Noticia que todos anhelan y esperan.

Jesucristo nos llama al relevo misionero.