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El Cardenal
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Carta Pastoral con ocasión de la Pascua del Enfermo

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Un año más el sexto domingo de Pascua es el día en que las Iglesias diocesanas en España celebran la Pascua del Enfermo, como culminación de la Campaña del mismo nombre. Dicha Campaña ha tenido esta vez como lema “Acoger, comprender, acompañar” y como tema de análisis, reflexión y revisión eclesial “La Pastoral de la Salud en el nuevo contexto sanitario y sociosanitario”. Se trata, como en ocasiones anteriores, de dos enunciados que hemos de contemplar, ante todo, desde la perspectiva de Dios Uno y Trino, pues Dios Padre se nos revela como Aquél que nos sana (cf. Ex 15, 26), Dios Hijo, encarnado en Jesucristo, pasó haciendo el bien y sanando (cf. Hch 10, 38) Y Dios Espíritu Santo, es Quien ungió a Jesús con su fuerza (l. c.) para cumplir esa misión, y Quien infunde en la Iglesia los dones de la sanación corporal y espiritual. Ya San Ireneo afirmaba que Dios Padre -a través de sus Manos que son el Hijo y el Espíritu Santo- va convirtiendo misteriosa pero realmente la historia humana en Historia de Salud. Él es, pues, quien de modo primordial, paciente e incansable acoge, comprende y acompaña, Quien ha venido alentando hasta el día de hoy la historia viva de la Iglesia de cuyo seno han surgido tantas personas que se han sentido llamadas, en el Nombre de Jesucristo, a sanar toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 9, 35) y, para ello, han creado iniciativas e instituciones que han enriquecido la propia cultura sanitaria y asistencial de la humanidad a lo largo de los últimos veinte siglos.

Por eso, al dirigiros este mensaje con motivo de la Pascua del Enfermo 2007, os invito en primer lugar a elevar una oración de agradecida alabanza a Dios por la ingente labor sanitaria de la Iglesia, de la que somos herederos, y de la que también debemos ser fieles transmisores a la generación actual y a las venideras. Con humilde gratitud reconozcamos y manifestemos que, como hijos de Dios y de la Iglesia, somos la generación heredera de aquellos que cambiaron la mirada humana hacia los enfermos, al mostrar que son hijos de Dios e iconos de Cristo, y no seres marginales, inútiles o estigmatizados. De esa convicción han surgido todas las aportaciones con que el cristianismo ha enriquecido la historia de la asistencia sanitaria: la atención gratuita y para todos, las casas de acogida y los hospitales, la figura de los religiosos y religiosas sanitarios, la atención a todas las necesidades del ser humano -enfermo y cuidador- sobre todo las de índole espiritual y religiosa, la medicina y los cuidados paliativos… Mirando hacia nuestro pasado eclesial bien podemos decir con el salmista: ¡ Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándole con cantos! (Sal 95, ls).

El lema de esta Campaña del Enfermo 2007, que indica el tema de la misma, nos impulsa a ejercitar también la oración humilde de súplica y petición. Ante la rápida evolución que están experimentando en nuestro tiempo las estructuras e instituciones sanitarias, necesitamos, una vez más, que el Espíritu venga en ayuda de nuestra debilidad (Rom 8, 26) Y nos dejemos guiar por su inspiración e impulso para poner a punto nuestra Pastoral de la Salud, sus personas y estructuras, para un mejor servicio del Evangelio, la Buena Noticia de la Salud. Nuestra Delegación de Pastoral de la Salud está trabajando en dicha puesta a punto y esperamos conocer sus conclusiones para aprovecharlas e integrarlas en el conjunto de la Pastoral diocesana. Vaya desde aquí mi agradecimiento a todos cuantos integran este campo pastoral, del que Benedicto XVI ha dicho recientemente que es un ámbito evangélico por excelencia.

Os invito, pues, a prepararos para celebrar con hondo sentido espiritual la Pascua del Enfermo 2007. Que brote cálida de nuestros labios la invocación que todos -enfermos de un modo u otropronunciamos antes de recibir la comunión: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. Y que la celebración del sacramento de la Unción nos lleve a una conciencia cada vez más honda y clara de que la oración de la fe restablecerá a nuestros enfermos y el Señor les aliviará (Cf. Sant 5,15) Por último, no quiero dejar de señalar que el 13 de Mayo, sexto domingo de Pascua, presidiré la celebración de la Pascua del Enfermo en la Catedral de Santa María la Real de La Almudena. En esa misma fecha la Iglesia celebra la festividad de Ntra. Sra. de Fátima, y en ese día también se encontrará en el santuario de Ntra. Sra. de Lourdes la, peregrinación con enfermos de nuestra Hospitalidad de Madrid. Como veis, se trata de una fecha cargada este año de un fuerte acento mariano.

Por eso, invocando la intercesión de María, os envío mi saludo afectuoso y mi bendición.