diciembre 2010
L M X J V S D
« Nov   Ene »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

La nueva dirección de la residencia del Cardenal Arzobispo Emérito de Madrid Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela, será:

C/ Bailén, 12 8º dcha.

Secretaría del Sr. Cardenal:
91 758 26 63

Email:
amroucov@archimadrid.es

El Cardenal
Categorías

LA FAMILIA DE NAZARET. La verdad y el gozo de la familia cristiana

Madrid, 26 diciembre 2010

LA FAMILIA DE NAZARET

La verdad y el gozo de la familia cristiana

Mis queridos hermanos y amigos:

Ayer celebrábamos con gozoso júbilo el Misterio de la Natividad del Señor. La Iglesia entera, presidida en la caridad por el Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma y Pastor la Iglesia Universal, mostraba ante el mundo la verdad salvadora de que el Hijo de Dios ha nacido para salvar al mundo de la gran desgracia de la muerte -de la muerte eterna y del la muerte temporal-, devolviéndole con medida rebosante la gracia de la vida en el tiempo y en la eternidad. Muerte, dolor y pecado constituyen una relación de realidades en la experiencia del hombre y en la configuración de la existencia del ser humano que le ha apresado y puede seguir apresándole para su frustración y fracaso final. Vida, misericordia y gracia son la trilogía de los dones recibidos por el hombre en la historia de su apertura a Dios y que le han sido y continúan siéndole ofrecidos por su amor infinitamente condescendiente y paternal para que puede realizarse en plenitud y alcanzar la felicidad y la gloria sin fin.

La oferta de Dios se abre para el hombre, en una forma que sobrepasa cualquier expectativa humana, el día en el que el Hijo de Dios nació en Belén de Judá en el seno de la Virgen María, la doncella de Nazareth, desposada con José. Se abrió precisamente en aquel día del calendario romano en el que los jóvenes esposos acudieron a la ciudad de David para empadronarse cumpliendo la orden del Emperador Augusto. Desde esa fecha ha quedado abierta para todo el curso de la historia venidera y para su definitiva conclusión en la eternidad de Dios. En la Iglesia y en la celebración litúrgica de ese gran Misterio del Nacimiento de Jesús se actualiza constantemente para cada época –más aún para cada año– la oferta inaudita de la gloria de Dios y de la paz a los hombres que ama el Señor. También sucede así en esta Navidad del año 2010. La gloria de Dios se nos vuelve a mostrar radiante en el horizonte gozoso de las grandes maravillas divinas que iluminan y orientan ya definitivamente nuestras vidas por el camino de la verdadera paz: ¡paz en el alma! ¡paz en las familias! ¡paz en el mundo!

En el Misterio del Nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne y en nuestra historia intervienen de modo determinante un matrimonio y una familia: el matrimonio de María y José y la familia de Jesús, José y María. Sin el sí humilde e incondicional a la voluntad de Dios de María, desposada con José, varón de la Casa de David, no hubieran tenido lugar la encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios; sin el acto de total confianza de su esposo, que se fía totalmente de su esposa y obedece a la inspiración del Espíritu Santo, no se hubiera formado el hogar imprescindible para el crecimiento y educación humana de ese Hijo de Dios e Hijo del hombre: ¡el Salvador de los hombres! La familia, enraizada en un matrimonio contraído y realizado virginalmente según la voluntad amorosa de Dios, se convirtió en el instrumento decisivo para que diera comienzo la historia definitiva de la salvación del hombre. La verdad de la familia según el plan de Dios resplandecía en aquel momento inicial y para siempre. ¡No es posible la realización de la salvación del hombre, su camino por la vida en este mundo como itinerario de gracia, de felicidad verdadera y de gloria, sin el matrimonio y la familia fundadas en el amor de Dios! Ha costado mucho al hombre ¡siempre! antes y después de ese gran y trascendental acontecimiento de la historia humana que fue el nacimiento del Hijo de Dios, comprender, afirmar y asimilar en la práctica la gran verdad del matrimonio y de la familia como la forma primera y fundamental para poder realizarse como el ser llamado a vivir personalmente el gran don del amor gratuito y fecundo; en una palabra, para poder vivir auténticamente como lo que es: imagen de Dios que le ha llamado a ser su hijo.

¡Y cómo le cuesta al hombre contemporáneo comprender esta gran verdad de que sólo en el marco personal y social del matrimonio y de la familia, trazado y construido según Dios, puede encontrar salida, camino y vía de salvación para los grandes problemas que le aquejan en el momento actual! Las frustraciones de los jóvenes, sus depresiones y desesperanzas, sus estilos de vida entre indolentes, escépticos y desgarrados, las tentaciones de recurrir a la violencia doméstica y social, las crisis personales y familiares producidas por el paro y la crisis económica, las pobrezas de todo tipo… ¿es que pueden afrontarse al margen de la salud material y espiritual del matrimonio y de la familia? ¡No! Urge pues que se inicie y aliente un gran movimiento espiritual, cultural y social de recuperación y revitalización profunda del matrimonio y de la familia cristiana en España y en Europa. Urge que toda la Iglesia acoja sin reservas a los matrimonios y a las familias cristianas en los ámbitos de su vida y acción pastoral y anime a sus hijos e hijas a sostenerlos y a apoyarlos con el testimonio privado y público del Evangelio del matrimonio y de la familia! Evangelio éste, inseparable del Evangelio de la Infancia del Señor, o lo que es lo mismo, del comienzo y fundamento de la nueva vida.

Con este propósito de sostén y ánimo para nuestros matrimonios y familias cristianas, hemos convocado a todos los católicos madrileños a que se sumen a la celebración de la Misa de la Familia el próximo domingo, 2 de enero, para proclamar que la familia cristiana es la esperanza de Europa.

A la virgen María, la Madre Dios y Madre nuestra, Virgen de La Almudena, encomendamos nuestras familias: las familias cristianas de Madrid, de toda España y de Europa.

Con todo afecto y mi bendición,