Plan Pastoral para la Archidiócesis de Madrid (1996-1999)

Animados por el Espíritu

Propuestas para el curso 1997-1998

ÍNDICE
Introducción
Objetivo 1
Objetivo 2
Objetivo 3
Objetivo 4
Seguimiento
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INTRODUCCIÓN
(Índice)

Damos gracias a Dios

Al cumplirse el primer año de nuestro plan pastoral «Fortalecer la fe y el testimonio misionero de todo el Pueblo de Dios», la Iglesia diocesana ha querido tomar el pulso de su realización mediante una sencilla evalulación. No podemos por menos de dar gracias a Dios.

La inmensa mayoría de las comunidades parroquiales y movimientos han emprendido y perseverado en el esfuerzo por renovar los modos y los medios de anunciar la Palabra de Dios, sea mediante la catequesis sistemática , sea buscando nuevas formas extraordinarias de evangelización. índice inequívoco de que cada vez sentimos con mayor urgencia la necesidad de anunciar y compartir el Evangelio con quien aún no conoce a Jesucristo o con quien, habiñndole conocido, vive alejado de la vida de la Iglesia.

Igualmente parece que ha crecido la dedicación a los que pasan por una situación de necesidad grave o viven excluidos de los bienes materiales y sociales, y ha crecido tambiñn la conciencia de que la vivencia eclesial de nuestra fraternidad es un modo de confesar la fe, o lo que es equivalente: dar testimonio de la fe nos implica personalmente y nos transforma,

Damos gracias a Dios tambiñn por la claridad con que hemos podido ver nuestras limitaciones. Nos queda mucho por recorrer en el camino de la comunión, de la corresponsabilidad, de la coordinación, de la entrega apostólica. Siendo cierto que actualmente son muchos los cristianos que actúan en los más diversos grupos humanos y actividades, reconocemos, sin embargo, que no acertamos a aportar, sobre todo en los lugares en los que se desarrolla el tejido social y se conforman la vida y la opinión públicas, la verdad, la vida y la fuerza transformadora del Evangelio.

Esta valoración de la acción pastoral que hemos efectuado en común a la luz de la fe y de la vocación a la que estarnos llamados, peinarte comprender mejor las propuestas que hacernos para el curso próximo.

Animados por el Espíritu

Para decidir las prioridades pastorales para el curso 1997 – 1998, no nos basta con conocer los logros alcanzados y los objetivos que aún quedan por cubrir. Hemos querido tener en cuenta tambiñn las orientaciones de tio Millennio Adveniente para preparar el Año Jubilar. El Papa nos invita a permanecer durante este año especialmente atentos a la acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo. El Espíritu Santo es en verdad el protagonista de toda la misión eclesial. «Mediante su acción, la buena nueva toma cuerpo en las conciencias y en los corazones humanos y se difunde en la historia. En todo está el Espíritu Santo que da la vida» (Dominum et vivificatem,64). Obra y gracia del Espíritu Santo fue el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, y obra y gracia suya será que ese misterio llegue a hacerse actual para nosotros a travñs de la Iglesia y podamos alcanzar hoy sus beneficios, en especial el fruto de la evangelización: que mundo crea (Jn 17,21)…

El Espíritu Santo se nos hace presente santificándonos.

Tenemos presente que los que acogimos la palabra de la verdad, al creer en Cristo, fuimos sellados por ñl con el Espíritu Santo en los sacramentos del bautismo y de la confirmación, para convertirnos en un himno de alabanza a la gloria de Dios (cf Ef 13-14). Reconocemos la acción del Espíritu Santo en la liturgia y avivarnos nuestro deseo de colaborar en su empeño: quiere convertirnos en otro Jesucristo, haciendo de nosotros una ofrenda permanente y viva para Dios. El Espíritu nos cristifica y nos conduce a la resurrección: a la santificación y a la vida eterna.

El Espíritu Santo se nos hace presente incorporándonos, con sus diversos dones, al trabajo de Dios.

Valoramos y agradecemos las diversas vocaciones a que hemos sido llamados cada uno de nosotros y los distintos dones que el Espíritu Santo nos ha concedido para responder a ellas. Son diversos modos de contribuir al anuncio y realización del Evangelio en Madrid. Por el sacramento de la Confirmación nos es dado el Espíritu Santo, fuente y origen de todo testimonio evangñlico. «Es el mismo Espíritu el que, según su riqueza y las necesidades de los ministerios (cf 1 Cor 12,1-1 l), distribuye sus diversos dones para el bien de la Iglesia. Entre estos dones destaca la gracia de los apóstoles, a cuya autoridad el Espíritu mismo somete incluso los carismáticos (cf 1 Cor 14). El mismo Espíritu personalmente, con su fuerza y con la íntima conexión de los miembros, da unidad al cuerpo y así produce y estimula el amor entre los creyentes» (Lumen gentium, 7).

El Espíritu Santo se nos hace presente haciendo germinar, dentro de la experiencia humana, las semillas de la salvación definitiva.

Recordamos las palabras de Jesús : Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo tambiñn en todo tiempo (Jn 5,17). Sabemos, por tanto, que el hombre, en lo individual y en lo social, está marcado por las señales del trabajo de Dios. El Espíritu Santo es el que purifica la mirada para que, a pesar de la oscuridad que a veces las oculta, podamos descubrirlas, contemplarlas y seguirlas,

El Espíritu Santo, en efecto, según la promesa de Jesucristo, nos lo va enseñando todo y nos va recordando todo lo que el Señor dijo. No cesa de hacernos sentir la urgencia de la misión. Nos hace escuchar palabras como las que una noche dirigió el Señor a Pablo, cansado de predicar en Corinto: No temas, sigue hablando, no te calles, porque yo estoy, contigo, y nadie intentará hacerte mal. En esta ciudad hay muchos que llegarán a formar parte de mi pueblo (Hch 18,9- 1 0). Nos hace amar como hermanos nuestros a los que Dios Padre ha querido ya hacer hijos suyos.

AcogeÁ- la acción del Espíritu Santo nos ayuda a redescubrir la virtud teologal de la esperanza, que no se confunde con las meras utopías o con el optimismo vacío, sin más. La virtud de la esperanza no puede tener un fundamento más sólido que ñste: el don del Espíritu Santo. Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de pacto. Y no sólo eso – tambiñn nosotros, que poseemos las primicias el Espíritu, gemidos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo (Rom 8,22-23). Vivimos lanzados hacia delante. Queremos colaborar con Dios en la transformación de este mundo. Nos mueve la certeza de que el proyecto de Dios terminará cumpliñndose: triunfará.

«Mas los dones del Espíritu son diversos: mientras a unos los llama a dar testimonio públicamente de anhelar la morada celeste y a conservar vivo este anhelo en la familia humana, a otros los llama a dedicarse al servicio de los hombres, preparando con este ministerio suyo la materia del reino celeste. Sin embargo, libera a todos para que, sacrificando el amor propio y empleando todas las fuerzas terrenas en favor de la vida humana, se proyecten hacia las realidades futuras cuando la humanidad misma se convertirá en oblación grata a Dios» (Gaudium et spes, 38).

PROPUESTAS SELECCIONADAS PARA EL CURSO 1997 – 1998

A la vista de las propuestas que nos han llegado de los distintos ámbitos de la Iglesia diocesana, hemos elegido, dentro del Plan Pastoral para la Archidiócesis de Madrid, algunas líneas de acción, que señalamos como prioritarias para el curso pastoral 1997 – 1998, así como algunas acciones concretas que permiten avanzar en la dirección señalada. Recordemos aquel criterio iluminador de nuestro Plan trienal: «No se trata de que todos lo hagamos todo, pero sí de hacerlo todo entre todos». Lo indispensable es avanzar en la misma dirección.

Con ellas, igual que el curso pasado, pretendemos acercamos a nuestro objetivo general

Fortalecer la fe y el testimonio misionero de todo el Pueblo de Dios

Proseguimos el camino hacia esta meta a travñs de los cuatro objetivos específicos :

1 Anunciar el Evangelio a todos, creyentes y no creyentes, y educar la experiencia cristiana en la comunidad eclesial.

2. Vivir la comunión -invisible y visible- en nuestro Iglesia particular.

3. Vivir las exigencias de la comunión eclesial con los excluidos de los bienes materiales y sociales.

4. Hacer presente en el mundo la verdad, la vida y la fuerza transformadora del Evangelio.

El conjunto de las acciones pastorales propuestas por las parroquias, asociaciones, movimientos y delegaciones de nuestra diócesis ha sido estudiado por el Consejo Episcopal. Sobre estas propuestas han reflexionado igualmente el Consejo Presbiteral y el Consejo Diocesano de Pastoral. Tambiñn los arciprestes han tenido oportunidad de sumarse a la reflexión. Este año, dedicado al Espíritu Santo, cuidaremos especialmente todo lo que se refiere a las celebraciones litúrgicas y a la oración, tanto personal como comunitaria. Constituyen la fuente primordial de nuestra transformación interior en Cristo, la que permite nuestro testimonio en medio del mundo.

Las líneas de acción mayoritariamente sugeridas y las acciones concretas que permiten avanzar en la dirección indicada son las que se exponen a continuación de cada uno de los cuatro objetivos específicos, como sigue

1. Anunciar el Evangelio a todos, creyentes y no creyentes, y educar la experiencia cristiana en la comunidad eclesial. (Índice)

Lo que hemos visto y oído os lo anuncian os para que tambiñn vosotros estñis en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribirnos estas cosas para que vuestro gozo sea completo (1Jn 1,3-4).

Nuestro anuncio no es mera información de algo que sabemos y queremos hacer constar. Anunciamos lo que vivimos, aunque sea muy imperfectamente: el Evangelio que nos está salvando, el don de la gracia y de la santidad que estamos recibiendo. Y nuestra alegría crece a medida que crece en nosotros la experiencia de la fe y la audacia de compartirla.

No deben interrumpirse acciones emprendidas el curso pasado con el fin de «animar a todos los cristianos para que, en la relación con los que no creen en Jesucristo o viven alejados de Dios, se atrevan a comunicar aquel lo que da sentido a su vida creyente». Es el caso de las misiones populares, de las que se difundió amplia información.

Para este curso señalamos las siguientes

Líneas de acción:

1.1 Acoger responsable y fraternalmente a las personas alejadas de la vida de la Iglesia que acuden a las parroquias a solicitar sacramentos.

Esto implica:

tener en cuenta su situación, reflexionar sobre el por que de su alejamiento y las circunstancias que les llevan a la Iglesia e invitarles a la conversión personal;

– asumir las convicciones de fondo que inspiran el «Acogida y acompañamiento de los alejados que se acercan a la Iglesia con motivo de los sacramentos»

– crear en cada parroquia un equipo encargado de acoger a las personas que solicitan los sacramentos;

– cuidar la celebración de estos sacramentos de modo que, en la predicación y en los ritos, pueda percibirse el Evangelio que tratamos de vivir-, y, en la medida de lo posible, procurar que participen en la celebración miembros de la comunidad parroquial;

– elaborar, en las Delegaciones diocesanas afectadas, materiales para las catequesis prebautismales y prematrimoniales, de acuerdo con el documento citado.

1.2 Cuidar la formación integral y permanente de todos los miembros de la comunidad cristiana.

Esto implica :

– ofrecer en todas las comunidades procesos unitarios de catequesis, desde la infancia a la edad adulta, prestando especial atención a la catequesis de jóvenes y de adultos;

– llamar la atención sobre la presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, mediante los sacramentos (es menester subrayar la relación Espíritu-confirmación) y mediante los diversos carismas y ministerios que suscita;

– tener muy en cuenta, sobre todo en la catequesis de jóvenes y adultos el momento y el proceso de conversión y la iniciación al compromiso, procurando que se ejerciten en el discernimiento de la acción de Dios en la realidad concreta en que viven y ayudándoles a descubrir corno les llama Dios a colaborar con ñl en la realización de su designio salvífico;

– apoyar a las familias en su tarea de educar cristianamente a los hijos, ofreciñndoles orientaciones y materiales tanto para el despertar religioso de los más pequeños, como para que puedan acompañar en casa la catequesis de la comunidad;

– promover y cuidar- en los diversos cauces de formación cristiana de niños y jóvenes la vocación general cristiana y, en especial, las vocaciones para el sacerdocio y la vida consagrada:

– contribuir a una sólida formación cristiana de los niños y los jóvenes por medio de la educación, aprovechando todos los medios posibles de presencia y de acción en los centros escolares;

– potenciar la formación permanente e integral de presbíteros y de cuantos han de desempeñar tareas de animación y coordinación en los distintos sectores de la acción pastoral;

– desarrollar un proyecto diocesano de formación básica, sistemática y gradual, cuidando la vinculación con los diferentes organismos diocesanos, así como la coordinación y complementariedad de los diversos cauces que pudieran establecerse.

1.3 Cuidar todas las celebraciones litúrgicas, sobre todo la Eucaristía dominical.

Esto implica:

– crear equipos de animación litúrgico que faciliten la comprensión del lenguaje simbólico de los ritos y su significado sacramental, y favorezcan la participación de toda la asamblea en la actualización de los Misterios que se celebran;

– avivar la participación en la Eucaristía dominical y el descubrimiento del significado cristiano del Día del Domingo, como necesarios para la pertenencia explícita a la comunidad eclesial;

– valorar la presidencia en las celebraciones litúrgicas,

– favorecer la preparación y revisión de las homilías, teniendo en cuenta los misterios que se celebran en contexto del Año Lutúrgico, la exñgesis de los textos bíblicos, las interpretaciones islas importantes hechas por los santos y las condiciones de la vida concreta de la comunidad;

– cultivar en las parroquias y movimientos apostólicos la oración personal y comunitaria;

– ofrecer ejercicios espirituales y retiros en los tiempos litúrgicos especiales.

2. Vivir la comunión -invisible y visible- en nuestra Iglesia particular. (Índice)

Todos nosotros hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo; y todos hemos bebido tambiñn el mismo Espíritu (1Cor 12,13).

Al tomar el pulso a la marcha del Plan Pastoral, se ha puesto de manifiesto la poca atención prestada, por lo general, a este aspecto fundamental de la vida cristiana. Pero se ha dejado sentir, al mismo tiempo, la necesidad apremiante de reconocimiento mutuo de quienes han sido enriquecidos por carismas diversos, de complementariedad entre quienes han sido llamados a desempeñar diversas tareas, de coordinación de los proyectos pastorales de todos.

Líneas de acción:

2.1 Incrementar la participación de las congregaciones e institutos religiosos, según su propio carisma, en la acción pastoral diocesana.

Esto implica :

– valorar sus diversos carismas y vocaciones y favorecer por parte de todos el reconocimiento de la eclesialidad de su trabajo;

– coordinar en los arciprestazgos, de acuerdo con las orientaciones diocesanas, los planes pastorales de parroquias y congregaciones e institutos religiosos, tanto en el campo de la educación católica como en el de la acción social, y favorecer encuentros de los agentes pastorales.

2.2 Potenciar en parroquias, arciprestazgos, delegaciones diocesanas, vicarías y en la archidiócesis en general la coordinación y complementariedad de los distintos proyectos y acciones pastorales.

Esto incluye :

– potenciar el buen funcionamiento -o la creación, donde todavía no existan- de los Consejos de coordinación pastoral de arciprestazgo;

– publicar y aplicar el estatuto del arcipreste y del arziprestazgo;

– potenciar la coordinación de las delegaciones entre sí y con las vicarías;

– arbitrar los medios adecuados para la incorporación de los laicos a la corresponsabilidad de la evangelización;

– crear coordinadoras de pastoral de jóvenes y fortalecer las que existen.

3. Vivir las exigencias de la comunión eclesial con los excluidos de los bienes materiales y sociales. (Índice)

Ya conocñis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza (2 Cor 8,9).

No adelantarían mucho nuestros hermanos que viven excluidos de los bienes materiales y sociales, si se les facilitaran esos bienes pero no fueran al mismo tiempo reconocidos y tratados en su dignidad de hijos de Dios.

Por eso no podemos conformarnos con la mera asistencia social, por eficiente que sea. Queremos avanzar hacia una fraternidad cada vez más evangñlica por la cercanía, la implicación de toda la persona, la opción consecuente por una vida más sencilla, más de acuerdo con las exigencias de la Ley Nueva del amor de Dios, manifestado en Jesucristo. Queremos acoger el don de Dios que nos presenta como hermanos a quienes nosotros sólo considerábamos como extraños.

Línea de acción :

3.1 Sensibilizar a toda la comunidad hacia -y a partir de- los problemas de los marginados, comenzando por el propio entorno.

Esto incluye:

acercarse a las personas marginadas y a sus ambientes, conocer los hechos, analizar las causas tanto personales como estructurales, considerar el deterioro humano, discernir los obstáculos que presentan a la evangelización y decidir el tipo de intervención más apto, de acuerdo con lo que piden la justicia y la solidaridad cristiana;

– seguir avanzando en la formación cristiana de cuantos trabajan en Caritas y en otras formas de acción social, de modo que puedan animar la acción caritativa de toda la comunidad eclesial:

– facilitar la incorporación de jóvenes a los diversos proyectos de promoción y acción social de la Iglesia:

– suscitar y cultivar entre los jóvenes vocaciones para la pastoral gitana, penitenciaria, sanitaria, rehabilitación de drogadictos, educación preventiva..

– favorecer la información y la reflexión lúcida y crítica sobre la realidad del paro, y expresar con signos concretos la solidaridad con los parados-

– acoger a los trabajadores inmigrantes, conocer su situación, valorar con ellos sus condiciones de vida y comprometerse junto con ellos en procesos de integración en la sociedad y en nuestra comunidades.

4. Hacer presente en el mundo la verdad, la vida y la fuerza transformadora del Evangelio. (Índice)

«La comunidad diocesanas -decíamos el año pasados- percibe con claridad la notable y muy significativa ausencia de cristianos en la vida pública -cultural, social, económica, política- que sean capaces de impregnarla del espíritu evangñlico y de orientarla hacia el verdadero servicio a las personas y, por lo tanto, a la mayor gloria de Dios.

Seguramente no nos falta generosidad, sino comprender con mayor claridad la vocación a la que estamos llamados todos los cristianos, lucidez cristiana para ver en quñ consiste el verdadero servicio al hombre y al bien común, y fortaleza apostólica, para salir de los caminos fáciles, los rutinarios, y buscar los exigentes, los nuevos, los de hoy».

La evaluación de Plan pastoral, recientemente realizada en el conjunto de la diócesis, pone de manifiesto la necesidad de insistir en este objetivo, que parece ser el menos atendido y desarrollado…

Línea de acción:

4.1 Fomentar el compromiso activo -individual y asociado- de los laicos.

Esto implica:

Organizar encuentros de formación sobre acontecimientos, situaciones o problemas que preocupan en la sociedad, valorándolos a la luz de la doctrina de la Iglesia (Gaudium et spes, Apostólicam actuositatem, Christifideles laici … ), en orden a la formación de la conciencia y a una actuación coherente;

– difundir- mñtodos de lectura creyente de la realidad, que ayuden a descubrir cuál es la voluntad de Dios en los acontecimientos humanos. «El laico debe aprender gradual y paulatinamente a mirar, juzgar y actuar a la luz de la fe» (Apostolicam actuositatem, 29); .

– elaborar y difundir materiales sencillos sobre los temas principales de la doctrina social de la Iglesia;

– impulsar asociaciones familiares que promuevan la espiritualidad familiar, el apoyo a matrimonios en dificultades, el derecho a la vida, la educación de los hijos de acuerdo con las convicciones religiosas y morales de los padres, e impulsar en este que hacer a las asociaciones apostólicas orientadas a estos fines;

– apoyar desde parroquias, asociaciones y movimientos la participación significativa de los cristianos en el ámbito del trabajo, la acción política y sindical, la economía y la empresa, la salud, la enseñanza, la cultura, la ciencia y la tñcnica, las expresiones artísticas y los medios de comunicación, en orden a lograr una organización más justa y solidaria de la sociedad, y más acorde con la dignidad de la persona.

SEGUIMIENTO (Índice)

Evaluar y proclamar la acción pastoral en el conjunto de la Iglesia diocesana sabemos que no es fácil: el que da el incremento es Otro (cf 1 Cor 3,6) y sus frutos pertenecen a ámbitos tan íntimos de las personas, que fácilmente se escapan a los ojos del mero observador humano. Sin embargo, se puede decir que se ha cumplido en muy buena medida el compromiso que adquirimos el año pasado. Por eso hemos podido reflexionar, estudiar y decidir las propuestas que hoy presentamos.

Es cierto, todavía tenemos que mejorar algunos aspectos: ponernos de acuerdo en los plazos y cumplirlos; determinar responsablemente las acciones concretas, las personas y los medios; escucharnos y acogernos mutuamente para que el trabajo de cada uno contribuya al proyecto único de la Iglesia diocesana, común a todos y, sobre todo, vivir nuestro compromiso cada vez con mayor intensidad interior delante del Señor y tratando de responder a su llamada.

Pero más cierta aún es la alegría de haber sido convocados por el Señor a trabajar en su viña. Estamos en el mundo como enviados a hacer palpable a todos la misericordia de Dios anunciando a Jesucristo y su Evangelio, curando y reuniendo a los dispersos por el pecado. Y la alegría de ser colaboradores de Dios -no la búsqueda de la mera eficiencia- es el motor y Á secreto verdadero de nuestro esfuerzo. De ahí brota el deseo de organizar cada vez mejor los medios y recursos y concertar las iniciativas de poner a disposición del Señor todo lo que poseemos y somos.

El Plan de Pastoral, un instrumento necesario al servicio de la evangelización en nuestra diócesis, ha de ser recordatorio permanente de nuestra vocación cristiana. Las líneas de acción propuestas nos recuerdan la tarea concreta que hoy se nos confía. Tengamos tambiñn presente la actitud con que hemos de realizarla: como Cristo y con Cristo, amar a las personas con las que convivimos y a las que somos enviados.

El Espíritu Santo, protagonista de la misión, nos impulsa a transmitir a los demás la experiencia de Jesucristo, la que vivimos en la Iglesia, y la esperanza que nos anima.

Seguimos poniendo el Plan Diocesano de Pastor al bajo la protección de Nuestra Señora de la Almudena. Que ella nos muestre a Jesús, fruto bendito de su vientre.

Con todo afecto y mi bendición,

Madrid, en la Fiesta de San Pedro y San Pablo, de 1997.

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